jueves, 3 de julio de 2014

La fagocitación sistémica de la disidencia a través de internet.

“No te  fíes del villano ni bebas agua del charco.” (Sabiduría popular castellana) 

El sistema no ha sobrevivido durante tantos siglos por casualidad; el secreto de su éxito se debe al desarrollo y perfeccionamiento de lo que podríamos llamar su capacidad para fagocitar a la disidencia, es decir, la capacidad para conseguir que algo que en principio podría representar un peligro para su supervivencia, acabé por integrarse plenamente en su estructura orgánica, convirtiendo lo que parecía una potencial amenaza en un agente benéfico en su desarrollo. En este sentido, internet es una buena muestra de la capacidad fagocitadora del sistema. 

En muchas ocasiones te habrás preguntado: ¿Cómo es posible que permitan a esta o a aquella página web (o a este o a aquel blog) colgar los artículos, audios o vídeos que cuelgan, siendo tan críticos con el sistema como son; o que revelen, como revelan, con todo lujo de detalles y de pruebas, las perversas prácticas del mismo? Sencillamente, porque el trabajo desinteresado de estos blogueros hace aún más fuerte y poderoso al propio sistema: por un lado, procurándole un “nicho de mercado” que no podría conseguir de otra forma, es decir, el de la disidencia; y, por otro, haciendo que con su activismo cibernético crezcan los valores de las acciones del negocio de internet (1). Dos hechos que, como veremos a continuación, están profundamente interrelacionados. 

Cuando una persona abre una página web (o un blog), publica artículos de forma regular, consigue que otros los lean, los comenten, los puntúen positivamente o los “reblogueen”, el autor (por muy crítico con el sistema que pueda parecernos) sólo está consiguiendo una cosa: revalorizar el negocio de internet a ojos de los inversores económicos; pues, por muy disidentes que puedan parecernos sus lectores, para aquéllos, éstos sólo son otro espectro de clientes más, que consumen un mismo producto: internet. 

Esta revalorización hace que aquellos que manejan el negocio de internet (corporaciones privadas y estatales) aumenten considerablemente sus ingresos económicos, que, más adelante, reinvertirán en descubrir los medios y las técnicas necesarias para conseguir aumentar aún más sus beneficios, entre ellas, las de proteger al Estado y al sistema que tan ricos les han hecho. Es decir, cuanto más dinero consigan, más medios tendrán de conseguir nuevos clientes o de “enganchar” más a los antiguos, y lo más importante, de fortalecer al sistema que les protege (escuela, políticos, científicos, ejército, policía…). Los blogueros disidentes y su desinteresado activismo sólo son un medio más de aumentar dichos ingresos. 

Para poder entender todo esto un poco mejor, veamos un par de ejemplos que ilustran claramente cómo “pactar con el diablo” tiene sus consecuencias. 

La iglesia cristiana vio en su pacto con el Estado romano un medio muy oportuno de reclutar nuevas almas para Dios. Sin embargo, como se ha encargado de demostrar la historia, este pacto sirvió, principalmente, para reclutar cuerpos para el Estado y para engrandecerlo; pues al depender de éste para su supervivencia terrena, la iglesia no sólo ponía a las almas que conquistaba bajo la tutela divina, sino, especialmente, bajo la del Estado. Un pacto que terminará con la desaparición de la propia iglesia (algo que sólo es una cuestión generacional: el tiempo que tarden en morirse los escasos curas que quedan y los pocos fieles que van a misa los domingos), al haber cumplido ya casi plenamente su función. 

Otro ejemplo muy parecido al de internet lo podemos ver en el uso de las armas por parte de algunos grupos disidentes con el fin derrocar al sistema. 

Muchos han sido los grupos disidentes que pensaron que el uso de las armas podría proporcionarles la victoria frente al sistema, consiguiendo, como único resultado, que el sistema que pretendían derrocar (basado en la codicia y en el deseo de poder) se hiciera aún más fuerte. Los fabricantes de armas, gracias a las compras, entre otros, de los disidentes, invirtieron una buena parte de sus ganancias en idear y desarrollar un estado de cosas (un sistema) que siempre les fuera favorable. Los fabricantes de armas sabían (y saben) que para aumentar sus beneficios era necesario invertir primero en la protección de un sistema que les permitiera seguir existiendo; de este modo, las compras de los disidentes, paradójicamente, contribuyeron a tal fin. El permitir en algunos países la ascensión al poder de supuestos disidentes sólo sirvió para que los fabricantes de armas nunca dejaran de ser necesarios (la famosa carrera armamentística que caracterizó a la Guerra Fría es un notable ejemplo de ello). 

Internet tiene una cierta similitud con el anterior ejemplo de las armas, pues hace creer erróneamente a quien lo utiliza con fines disidentes, que podrá tener algún tipo de posibilidad de derrotar al sistema, cuando con su uso tan sólo pasa a convertirse en un inconsciente y altruista socio del mismo. 

Todo esto obedece a una lógica muy simple: los fabricantes de un producto no pueden permitirse la desaparición de un sistema (de ideas y de creencias) que tan grandes beneficios les ha proporcionado, por lo que, como ya he dicho, gran parte de sus ingresos irán siempre destinados a protegerlo y perfeccionarlo. Por todo ello, creer en la idea de transformar el sistema a través de los medios que éste nos ofrece (o como algunos dicen: transformar el sistema desde dentro) no es sólo una utopía, sino una tremenda cuestión de ingenuidad. Cuanto más usemos los medios que el sistema nos ofrece, más poderoso lo estaremos haciendo, pues éstos nunca tirarán piedras contra su propio tejado. 

Después de leer estas palabras, algunos podrían tener la sensación de que este sistema, basado, básicamente, en la codicia y en el deseo de poder, es indestructible y que es imposible que pueda ser derrotado algún día en este mundo. Realmente, desconozco si esto es así, lo único que sé es que no es bueno para el ser humano vivir engañado con falsas esperanzas, pues eso le hace aún más vulnerable ante el sistema. Con independencia de que el sistema pueda cambiarse o no algún día, o de nuestra mayor o menor capacidad para escapar de todas  sus trampas y engaños, creo que lo que realmente importa es hacer todo lo posible para, al menos, no morir engañado y alcanzar el más amplio conocimiento del mundo en el que hemos ido a caer.

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Quedaría por analizar una última cuestión, y es la de hasta qué punto los disidentes en general (sindicatos, partidos políticos, asociaciones de diverso tipo) son de utilidad para el sistema, pues su prédica y su “lucha”, al transmitir al resto de las personas la ilusión de que es posible un futuro mejor sobre la tierra, guarda muchas similitudes con la ilusión de la creencia en el paraíso predicada por diversas religiones. ¿No se habrá convertido la prédica de los disidentes en un nuevo opio para el pueblo? 

Si observamos fríamente, libres de todo fanatismo ideológico, la prédica y la lucha de los disidentes: la búsqueda de un mundo donde reine el bien sobre el mal, donde desaparezca la codicia y el ansia de dominación sobre los demás, donde por fin se haga justicia a los oprimidos…, nos daremos cuenta que las consecuencias finales de todo ello no son muy diferentes a las provocadas por la creencia en la vida después de la muerte profesada por algunas religiones, pues, tanto en un caso como en otro, su única base consiste en la fe que sean capaces de desplegar aquellos a quienes va dirigido su mensaje, no en ningún hecho demostrable por la experiencia; es decir, la opiácea esperanza en un mundo feliz evita que las personas tomen plena consciencia del mundo real en el que les ha tocado vivir, lo cual (como pasa con todo engaño) sienta las bases para que el individuo sea fácilmente manipulable. 

Al sistema le interesa la existencia de esta disidencia para que propague la ilusión (la creencia) de que el mundo puede llegar a ser algún día un lugar paradisiaco, evitando así que la gente se atreva a mirar y ver la realidad tal y como es (2). Esto mantiene al rebaño cohesionado, en orden, trabajando por un objetivo común, y evita que los individuos se dediquen a su propia liberación personal, algo que, de ser llevado a la práctica de forma mayoritaria, supondría el tan temido caos para los pastores de ayer y de hoy, o lo que es lo mismo, el principio del fin de la esclavitud para nosotros, el fin de la última ilusión. 

NOTAS:
(1) Internet es sólo un negocio que obedece a una sencilla lógica empresarial: que cada vez sea mayor el número de usuarios y que éstos lo utilicen cada vez más. Poco o nada le importan a internet los contenidos, lo importante es que no deje de consumirse y que este consumo vaya en aumento. Mientras esta situación de dependencia de la mayoría hacia una minoría subsista, el sistema estará a salvo.
(2) El lema YES WE CAN (SÍ PODEMOS) de la campaña electoral de Barack Obama en el año 2008 formaría parte de esta necesidad que tiene el sistema de ilusionar a la gente para conseguir sus objetivos. En este mismo sentido habría que entender al partido político español que, en las elecciones europeas del año 2014, adoptó como nombre este mismo lema (PODEMOS) y que consiguió ganarse la confianza de un importante número de descontentos con el sistema.