martes, 11 de marzo de 2014

La Revolución como terapia.

No he venido ha traer la paz, sino la espada” (Mateo 10, 34) 

Es preferible reinar en el Infierno que ser vasallo en el Cielo” (John Milton, El paraiso perdido)

Para la mayoría de los psicólogos del pasado siglo, la principal causa de la neurosis (y de los problemas psicológicos en general) era la represión sexual, y pensaban que con la superación de ésta, vendría la solución de aquélla. Un siglo después, y tras la Revolución Sexual de los 60, se puede afirmar con total rotundidad que el problema va mucho más allá de la simple represión sexual.

La liberación en el terreno sexual es prácticamente total, al menos de iure (la gente se puede divorciar cuando quiera, casarse incluso con otra persona del mismo sexo, cambiar de sexo…), sin embargo, los problemas psíquicos entre la población, en lugar de disminuir, han ido en aumento año tras año.

La sexualidad es sólo una parcela de la totalidad del ser humano. Una parcela importante, pero no es el todo. Liberarse única y exclusivamente en este terreno implica la liberación de una parte del ser humano, nunca de su totalidad.

El éxito (al menos en apariencia) de la liberación sexual, predicado hasta el hartazgo por las principales instituciones estatales, ha servido como cortina de humo para camuflar la verdadera represión que sufre la humanidad: la represión que el orden civilizatorio ejerce sobre todas las potencialidades del ser humano (incluida la sexual).

La civilización, para poder sobrevivir, ha tenido que aceptar la pequeña derrota que suponía la liberación sexual (1), que, al no ir acompañada de una liberación del resto de potencialidades del ser humano, ha sido una liberación meramente teórica y no práctica, pues ¿cuántas mujeres y hombres se ven hoy obligados a seguir con personas a las que ya no aman sólo porque tienen que terminar de pagar un piso? Y como éste, tantos otros ejemplos, donde lo sexual y lo afectivo ha quedado totalmente supeditado a la seguridad material.

Sin duda alguna, la liberación sexual ha sido un avance importante en el desarrollo de la humanidad, del mismo modo que lo fue el derecho a no someterse a las autoridades eclesiásticas propias de cada país y poder profesar libremente la religión que se quisiera (o no profesar ninguna); pero se trata de conquistas pasadas, ya conseguidas y asimiladas. Hoy en día, el ser humano necesita dar nuevos pasos en su camino hacia una completa liberación si quiere que su salud mental no colapse.

Pensadores como Hobbes, Hegel, Spencer, Le Bon, Freud u Ortega y Gasset (por citar sólo a algunos de los más reaccionarios), haciendo gala de un pensamiento tan o más supersticioso que el religioso, consideraban a la civilización una especie de paraíso terrenal, en el que la humanidad podría vivir eternamente; sólo bastaría con sacrificar el natural desarrollo de las potencialidades humanas para evitar que éstas pusieran en jaque al orden civilizatorio. Según Freud: “La civilización consiste en la progresiva renuncia. No admite superhombres”. Un razonamiento que, al fin y al cabo, no deja de ser otra cosa que la aplicación práctica de la máxima “perder la vida para salvarla”; una máxima que incurre en una contradicción de base, pues al ser el objetivo final de la misma salvar la vida, ésta terminará por perderse. Un destino que, de una u otra manera, y más tarde o más temprano, terminará siendo el de la propia civilización, mientras ésta siga obsesionada con su salvación.

La fe en la civilización y todas sus creaciones (ciencia, tecnología, arte, etc…), no es más que otra forma de religión, con el mismo objetivo de aquella que el hombre moderno presumía haber superado: la salvación.

Ayer, la humanidad se dio cuenta de la necesidad de superar la religión y vencer el miedo a la muerte; hoy, se hace necesario la superación de la civilización y vencer el miedo a la extinción como especie; el próximo paso, es algo que corresponde sólo a los pensadores del mañana.

Esta es la única y verdadera Revolución Permanente que la humanidad debe llevar a cabo si lo que quiere es verse libre de una vez para siempre de todo tipo de traumas y trastornos psíquicos. Los pasos han de ser progresivos, pues tomar conciencia de algo así no puede hacerse de la noche a la mañana. Una Revolución necesaria para su perfeccionamiento y mejora; una Revolución que, de todos modos (quiérala o no), será inevitable. 

Notas:
(1) Una liberación sexual que el poder se ha encargado de convertir en miseria sexual (término utilizado por W. Reich para referirse a la vida sexual insana), con el fin de corromper a sus súbditos.