sábado, 1 de febrero de 2014

Alcanza una verdadera iluminación con un breve y sencillo ejercicio.

“Uno no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tornando la oscuridad conciencia.” (Carl Gustav Jung)
 
A lo largo de la historia se han utilizado mil y un argumentos diferentes para hacer creer a las masas que eran sujetos libres. Se trataba de convencerles de que su modo de vida en las sociedades jerarquizadas (todo orden social es jerárquico por naturaleza) había sido elegido libremente por ellos, y así ocultar, tras el oscuro velo de su inconsciente, la auténtica verdad, es decir, que su única alternativa en ese orden social era la esclavitud. Todo con el fin de que dicho orden nunca fuera cuestionado, y perdurara en el tiempo sin grandes sobresaltos. En la actualidad, los argumentos empleados y los medios utilizados para tal fin se han perfeccionado hasta límites nunca antes sospechados, de tal modo que los individuos han interiorizado su condición de sometidos (y, en algunos casos, de dominadores de otros al mismo tiempo) tan profundamente, que para el sujeto medio es casi imposible ser mínimamente consciente de dicha condición (sometido o sometido-dominador), a pesar de la proliferación, en los últimos tiempos, de todo tipo de “gurús” y sectas que proponen los más variopintos métodos para lograr la iluminación.

El siguiente breve y sencillo ejercicio tiene como propósito provocar en aquella persona que se aventure a practicarlo, un verdadero “Satori”, un verdadero despertar o iluminación que le lleve a ser plenamente consciente de su condición de esclavo (única forma posible de alcanzar algún día la libertad). En cualquier caso, antes de llevarlo a cabo, el practicante debe de saber que existe el riesgo de abandonar el estado hipnótico en el que, probablemente, se encuentre sumido desde hace años, y que, hasta ahora, le había permitido relacionarse con sus semejantes con una cierta solvencia; un estado al que le resultará muy difícil (por no decir imposible) volver, con lo que sus relaciones con otros individuos, que no tengan el mismo ansia de libertad, pueden verse seriamente afectadas. Pero es que, como dijo el personaje de la película “Matrix”, Morfeo, “no te dije que sería fácil; te dije que sería la verdad.

El ejercicio que te propongo es muy sencillo: lee detenidamente el texto que a continuación adjunto; después, reflexiona de 10 a 15 minutos sobre él (una vez al día), y, trasladándolo al mundo en el que vives, trata de encontrar algún tipo de relación con tu situación personal y con la de quienes te rodean. Si, a los pocos días (en la mayor parte de los casos, ha bastado de un día a una semana), consigues descubrirla, eso querrá decir que estás muy cerca de despertar y en el camino de la liberación; si no, significa que aún sigues sumido en un profundo sueño y que, de momento, seguirás siendo un esclavo, de forma inconsciente, por una larga temporada. El ejercicio puede ser practicado los días que sean necesarios hasta alcanzar los resultados deseados. 

“Si alguien te prohibiera respirar el aire que necesitas para vivir, no dudarías en calificar a tal persona como tirano, dictador o cosas aún peores. Así pues, ¿no deberías de considerar del mismo modo a aquel individuo (grupo o sistema social) que te impidiese proveerte libremente de los medios necesarios para alimentarte, hidratarte o resguardarte del frío y de la lluvia? ¿Y no deberías de considerar como un esclavo a aquella persona que dependiera de la voluntad de otra (o de un grupo o sistema), para conseguirlos? Pues igual de necesarios que la respiración para poder vivir, son los alimentos, el agua o un lugar donde resguardarse de las inclemencias del tiempo y de la naturaleza.” 

Advertencia: No olvides estar alerta ante las trampas (autoengaños) que tu propia mente (condicionada desde tu nacimiento por el más brutal paulovismo de estado) tratará de tenderte durante este proceso, y con las que intentará, desesperadamente, justificar lo que no puede tener otro nombre que el de esclavitud. La más frecuente será la apelación al Contrato Social jacobino, excusa que alcanzó el paroxismo a mediados del S. XX con Stalin, quien, a principios del S. XXI, está siendo el modelo a imitar por los impulsores del (mal llamado) Nuevo Orden: gulags de psiquiatría y marginación para los "herejes" y colectivismo tecnotrónico para los "adaptados".